Nuestro cuerpo necesita los nutrientes para
convertirlos en energía, que luego será utilizada tanto para el
correcto mantenimiento del propio cuerpo, como para permitirnos
realizar todo tipo de actividades. Lógicamente, cuanto más
activos seamos, más energía necesitaremos.
Hay cinco tipos de nutrientes:
Lípidos: Su principal función
en el organismo, aunque no la única, es servir como
reserva de energía. El principal tipo de lípidos son
las grasas.
Hidratos de carbono: entre sus
diversas funciones también destaca la de almacenar
energía, principalmente por medio de una molécula
llamada glucógeno, que se almacena en el hígado
y en el tejido muscular. Cuando tenemos hidratos de
carbono en exceso se transforman en grasa. Las grasas
almacenan seis veces más energía que el glucógeno.
Proteínas: Son las moléculas
orgánicas más abundantes en nuestro cuerpo, y están
formadas por otras moléculas más pequeñas llamadas
aminoácidos.Aunque se han descubierto más de 200
tipos de aminoácidos, tan sólo 20 de ellos forman parte
de las proteínas.A pesar de ser todas de similar
estructura, la diversidad de las funciones que cumplen
las proteínas es increíble: tenemos proteínas
estructurales, como el colágeno; transportadoras,
como la hemoglobina, que traslada el oxígeno por
la sangre. Otras son proteínas de membrana, proteínas
reguladoras, enzimas, proteínas contráctiles,...
Vitaminas: Son unos compuestos
orgánicos imprescindibles para nuestro organismo, aunque
siempre en pequeñas cantidades. Al menos 15 de ellas se
pueden considerar esenciales. Se dividen en liposolubles
e hidrosolubles, (solubles en lípidos y agua
respectivamente).
Minerales: Muchos minerales
tienen asignadas funciones metabólicas que cumplir en
nuestro organismo. Los minerales que necesita nuestro
cuerpo los podemos dividir en macroelementos, (sodio,
potasio, fósforo, cloro, calcio, magnesio y azufre), y
microelementos, (hierro, cobre, yodo, manganeso,
etc.).Los microelementos también son conocidos como
oligoelementos y son necesarios en cantidades
extremadamente pequeñas.
Alimentos
La forma que tenemos de proveernos de todos
los nutrientes mencionados es mediante la ingestión de
alimentos. Los alimentos los podemos dividir en siete grupos, y
aunque todos proporcionan los diferentes nutrientes, cada grupo
es más rico en alguno de ellos.
Leche y derivados lácteos:
ricos en proteínas, calcio y vitaminas liposolubles.
Carne, pescados y huevos: ricos
en proteínas de alto valor biológico, vitaminas y
minerales.
Legumbres y frutos secos: ricos
en proteínas y hidratos de carbono.
Verduras y hortalizas:
principalmente ricos en vitaminas y minerales.
Frutas: ricas en vitaminas y
minerales, con la ventaja de consumirse crudas.
Cereales, patatas y azúcar:
principalmente aportan hidratos de carbono: muy
energéticas por su gran aporte en lípidos.
Grasas: muy energéticas por su
gran aporte en lípidos.
La pirámide alimenticia
Ya sabemos que nutrientes tenemos que
ingerir y que alimentos nos los pueden proporcionar. Ahora
tenemos que diseñar nuestra dieta, es decir, como tenemos que
elegir los alimentos para que obtengamos los diferentes
nutrientes en la proporción adecuada.
Una dieta equilibrada estará formada por
un 15% de proteínas, menos de un 30% de lípidos y más de un
55% de hidratos de carbono.
Para ayudarnos en esta tarea se han
desarrollado las llamada guías alimentarias, que nos indican
cuantas raciones de cada grupo de alimentos tenemos que tomar
para cubrir nuestras necesidades de nutrientes. Una de estas
guías alimentarias es la llamada pirámide de la
alimentación. La mejor forma de entenderla es viendo una,
como por ejemplo la que se puede encontrar en la siguiente
página de la Universidad de Chile:
A modo de anécdota se puede añadir que
diferentes productos alimenticios presentes en el mercado
español tienen en su envase ilustraciones con pirámides
alimenticias adaptadas a la dieta mediterránea.