EL TURISTA ESPACIAL
Ya se está paseando por la Estación Espacial Internacional el señor Dennis Tito. 3.700 millones de pesetas ha sido el precio cobrado por esa curiosa agencia de viajes llamada Agencia Espacial Rusa, por lo que sólo cabe esperar que dicha cantidad incluya pensión completa y todos los extras que podamos imaginar. Ha sido la crisis económica rusa lo que ha motivado la presencia de este singular pasajero compartiendo espacio vital con dos cosmonautas rusos. Es una causa como otra cualquiera para hacer algo; de hecho los avances en cualquier campo siempre se han visto motivados por razones de necesidad, o por desgracia, por razones bélicas.
Los estadounidenses han protestado, lo que nos trae recuerdos de otras épocas de relaciones más gélidas. Lo que no sé es si protestan por comprensibles razones de seguridad (¿se dedicará el individuo este a toquetear todos los botones que vea hasta que arme alguna?), o porque en el fondo les da rabia no haberlo hecho antes.
Son comprensibles todas las críticas que está recibiendo el multimillonario de marras. Es lógico pensar que semejante cantidad de dinero podía haberse dedicado a fines más altruistas, pero tal vez lo que pasa es que todos tengamos envidia porque nosotros nunca podamos subir ahí arriba. Lo que sí es cierto que Dennis Tito no sólo ha comprado un viaje de ida y vuelta. Seguramente nuestros nietos verán su foto sonriente, cámara en ristre, en los libros de historia, figurando como el primer turista espacial. Tal vez, repito, sólo tal vez, Dennis Tito haya comprado la inmortalidad.